Amor Exigente Uruguay
Tu amor sin exigencia me humilla. Tu exigencia sin amor me rebela. Tu amor exigente me engrandece.

10 años de AE

…10 años de Amor  Exigente


10 años, 120 meses, 3600 días, 86.400 horas, 5:184.000 minutos…, NO, NO!, renuncio!!

No encuentro en los números que los humanos nos hemos dado para medir el tiempo, en sus diferentes y casi perfectas subdivisiones, una fórmula que me permita identificar tal regla matemática, con la realidad de la vida que he vivido, luego del hallazgo de Amor-Exigente.

Todo fue y es diferente, y sin dudas lo seguirá siendo, porque la dinámica así lo impone y la vida es dinámica, para bien o para mal, pero lo es, y este programa me ayudó a descubrirla y me dio herramientas para procurar modificar, sobrellevar, soportar, mejorar, todas aquellas instancias que tal dinamismo me fue imponiendo o cruzando en mi camino.

No soy ni más sabio, ni más capaz, ni más o mejor conocedor de esta vida y sus realidades, solo soy, porque así me lo auto-impuse, un fiel seguidor de un programa que, porfiadamente, me da respuestas, a cada requisitoria que mi razón o mi emoción plantean, en cualquier momento, de esos que comencé citando, de división del tiempo. Porque es así de simple, muchas veces hasta durmiendo un sueño profundo, recurren a mi mente ideas u opciones, para aquello que me aqueja o preocupa, y porqué no, también para lo que me alegra o regocija, porque en definitiva, la vida es eso, más que la suma de subdivisiones matemáticas de su tiempo, es sin duda alguna, la alternancia de lo bueno y lo malo, lo trascendente y lo trivial, lo inocuo y lo hiriente. El jeito está en como manejamos cada oportunidad, y a eso lo aprendí y lo sigo aprendiendo en Amor-Exigente.

La vida está llena de porfías, que nos ofrecen otras tantas posibilidades, de las buenas y de las otras, pero uno, poco a poco, va aprendiendo a elegir en cada instancia la mejor. Y si en una de esas llega a errar, solo será recomenzar hasta alcanzar la deseada. Nadie se muere por no acertar aquello que busca y necesita, porque si las porfías de la vida son muchas, nuestra porfiada búsqueda sabrá cubrir a casi todas.  Y si por algún motivo no llegamos al objetivo, será porque de nosotros no depende su solución, y lo aceptaremos con la humildad que el programa nos enseña, desde su primer al último Principio.
10 años no es ni mucho, ni poco, es solo eso, un espacio de nuestro tiempo en la vida, el cómo lo vivimos, es el meollo del asunto. O seguimos la locura que las circunstancias nos impusieron, y nos envolvemos de tal forma que, también terminamos algo locos, o tomamos las riendas de nuestra vida para dirigirla en todo lo que nos atañe, apoyados en un programa esclarecedor y fundamentalmente liberador.

Muchas veces al pensar sobre este maravilloso programa, me he preguntado, si puedo dejar de hablar de drogas, y todas sus oscuras y nefastas connotaciones y he llegado a la conclusión de que sí, sí puedo. Puedo, porque sería un error centrar el programa en el entorno de las drogas únicamente, sería empequeñecerlo. Es mucho más que eso. Es una filosofía de vida, y las drogas son solo una dolorosa realidad en la vida y aquí aprendimos a que, como en nuestros juegos de niños: “que cada cual atienda su juego”, y eso no es desvincularse, es solo situarse en el lugar correcto para hacer aquello que corresponde a cada quien, y no hacer por el otro,  lo que debe él, hacer por si mismo.

El buen manejo de las situaciones desesperantes, hace que estas dejen de serlo y que la libertad de nuestras opciones nos guíe por el mejor camino, orientadas siempre por el programa. En la aplicación real del Amor-Exigente, tendremos la verdadera magnitud de nuestra importancia en la vida, así como de la importancia que “nosotros le damos” – que no es lo mismo-. Que seguiremos trabajando en torno al tema drogas, si, claro que si, si nosotros llegamos a Amor-Exigente porque estuvimos inmersos en esa locura colectivo-familiar que la droga nos “ofrece”.

Hemos adquirido un compromiso irrenunciable; hacer llegar el programa de AE, a todo aquel que lo necesite y esté dispuesto al cambio, a su cambio, a trocar el lamento por la actitud, el grito por la acción, la inoperancia por el trabajo sobre si mismo, la tercerización de los problemas por el abordaje programático de los mismos. De eso se trata. Pero además, porque las conductas inadecuadas no son solo producto del consumo de sustancias, sino que las vemos reiteradamente en todos los estatus sociales, nadie está libre de ellas y muchas veces son la antesala del uso.

Ah!, si hubiera sabido antes, sobre las conductas inadecuadas y mis aceptaciones a las mismas, puede que mi vida hubiera transcurrido por otros derroteros, pero, como dice la sentencia popular; “es lo que hay”.

 

Felices 10 años, por muchos 7 de diciembre más.

Eduardo y Doris